El eterno esplendor de una mujer extraordinaria.
Diana, una de las figuras más queridas del siglo XX, sigue inspirando admiración con su vida. Dejó una huella indeleble en el mundo de la moda, la cultura y la monarquía británica, lo que garantiza que su recuerdo siga vivo hasta el día de hoy.
Diana Spencer nació en 1961 en el seno de una familia noble británica. Sus primeras fotografías la muestran como una persona tímida pero decidida, lo que se adivina tras una leve sonrisa y una mirada absolutamente cautivadora. Mujer inteligente y apasionada por la danza, el deporte y la música clásica, Diana se ganó el cariño de quienes la conocían mucho antes de que el mundo la descubriera.
Las primeras imágenes de ella como adolescente, tomadas antes de que fuera el centro de atención internacional, contrastan con las que vendrían poco después. Su boda con el príncipe Carlos en 1981 fue un acontecimiento mundial. Más de 750 millones de personas vieron a la joven novia caminar hacia el altar con su vestido de cuento de hadas. Aunque la ceremonia prometía felicidad eterna, ocultaba grietas insuperables.
A pesar de enfrentarse a una presión inmensa, Diana se negó a que la definieran por su papel de consorte. En cambio, poco a poco se forjó su propio camino, ganándose la admiración del público británico y de personas de todo el mundo con su cercanía y empatía. Su dedicación a las causas humanitarias consolidó su estatus como una figura distintiva y relevante. Un momento especialmente conmovedor se produjo durante su visita a Angola en 1997, cuando atravesó un campo minado con una visera protectora y un chaleco antibalas para simbolizar su lucha por la prohibición de las minas terrestres.
Hablar a través de gestos
El nacimiento de sus hijos marcó un punto de inflexión en la vida de la princesa. Considerados su legado más preciado, los príncipes Guillermo y Enrique fueron criados por una madre cariñosa y divertida, muy implicada y que quería que disfrutaran de una infancia normal y feliz. Las imágenes de los tres divirtiéndose en un parque de atracciones o de la princesa participando en actividades escolares revelan sus intentos por ejercer la maternidad real, muy alejados de las restricciones de la monarquía británica.
Sin embargo, Diana de Gales no lo pasó bien durante los años que formó parte de la familia real británica. A pesar de sus sonrisas públicas, sufrió mucho por la infidelidad de su marido con Camilla Parker Bowles, lo que la llevó a empezar a expresarse a través de su ropa. Su famoso «vestido de la venganza», el vestido negro que llevó después de que Carlos admitiera su aventura, se convirtió en un símbolo de dignidad y empoderamiento. Era más que una simple muestra de su estilo: era una declaración de su fuerza interior.
Libre de las restricciones de la realeza, Diana se embarcó en una intensa relación amorosa con Dodi Al-Fayed. Las imágenes de la pareja de vacaciones, relajada y feliz, contrastaban radicalmente con la rigidez palaciega a la que Diana estaba acostumbrada. Su trágica muerte en un accidente en París en 1997 conmocionó al mundo.
Más vivo que nunca
Sin embargo, el legado de Diana sigue vivo. Se han escrito docenas de libros sobre su vida y también se le ha rendido homenaje en películas y series de televisión. La serie de Netflix The Crown le dedicó varios episodios, en los que se reflexiona sobre su juventud, su matrimonio y su lucha contra el establishment y las exigencias de la vida pública. Naomi Watts la interpretó en la película Diana, de 2013, mientras que Kristen Stewart recibió una nominación al Óscar por su interpretación de Diana en la película Spencer, de 2021, que ofrece una visión íntima de la vida de una mujer atrapada en una jaula dorada.
Al año siguiente, Netflix estrenó The Princess, un documental con imágenes de archivo que reconstruye la vida de Diana. Ofreciendo un relato de primera mano sobre el magnetismo de Diana, explora el impacto que tuvo en los medios de comunicación, la política, la realeza y millones de personas en todo el mundo.
El legado de Diana en materia de obras benéficas también sigue muy vivo. En una época en la que la enfermedad aún estaba muy estigmatizada, se dejó fotografiar con enfermos de sida, así como con niños enfermos, leprosos y personas sin hogar. Muchas de las organizaciones benéficas a las que ayudó a dar a conocer siguen activas hoy en día, inspiradas por su ejemplo. Su hijo, el príncipe Guillermo, y su esposa, Kate Middleton, también continúan su labor, que incluye una fuerte implicación en proyectos sociales, recordando la compasión de Diana.
Diana era un espíritu libre que se negaba a conformarse. La esencia indomable de la «princesa del pueblo», que se mantuvo fiel a sí misma hasta el final, sigue brillando con fuerza y dejando una huella indeleble.
