Empresario con amplia experiencia internacional en la industria del deporte
Vivimos tiempos en los que la comodidad y la inmediatez se han convertido en norma. Las nuevas generaciones quieren resultados rápidos, procesos sencillos y recompensas sin fricción. Todo debe ser fácil, inmediato y, a ser posible, con poco esfuerzo. Pero ni el golf —ni la vida, ni los negocios— funcionan así. No hay logros duraderos que nazcan de la comodidad. Avanzar exige fricción, atención y compromiso. Este principio, tan simple como incómodo, es el que guía el diseño de los putters que puse en el mercado en octubre de 2023.
En demasiados ámbitos —y de forma especialmente visible en las generaciones más jóvenes— se ha normalizado la idea de que mejorar debería ser casi automático. Si algo cuesta, se descarta; si exige tiempo, se sustituye; si obliga a corregirse, se evita. El golf no es ajeno a esta tendencia. Al contrario: la refleja con claridad. Y quizá por eso sigue siendo un deporte tan honesto, porque no permite esconder durante mucho tiempo aquello que uno no está dispuesto a trabajar.
Durante años, la innovación en el material de golf se ha orientado casi exclusivamente hacia un concepto: forgiveness. Palos más tolerantes, errores amortiguados, resultados inmediatos y campañas de marketing cargadas de palabras rimbombantes. Una promesa tentadora en una época dominada por la prisa. Sin embargo, el progreso auténtico nunca ha venido de la mano de los atajos, sino de la disciplina, la repetición y la exigencia consciente. En el golf, como en cualquier actividad que aspire a la excelencia, no hay sustitutos reales del trabajo bien hecho.
He tenido la fortuna de trabajar desde muy joven con Seve Ballesteros en múltiples áreas de la industria del golf, y de él aprendí una idea que sigue plenamente vigente: el material debe ayudar al jugador a mejorar, no a esconder sus errores. Esa frase, sencilla y directa, resume una forma de entender el golf y también el diseño. En gran medida, su inspiración y sus enseñanzas fueron el impulso que me llevó a finales de 2023 a poner en el mercado una nueva gama de putters.

Diseño y verdad: cuando el material deja de enseñar
Desde el punto de vista del diseño —y especialmente en el diseño de putters— considero que la comodidad excesiva es un problema. Cuando el material oculta el error, el jugador deja de recibir información fiable. Y sin feedback honesto no hay aprendizaje posible. El jugador cree que ejecuta bien cuando no es así, repite patrones incorrectos y consolida defectos que, con el tiempo, se vuelven estructurales.
Por eso, la pregunta clave no es si el palo “ayuda”, sino cómo ayuda:
¿corrige o disimula?, ¿enseña o protege?
Un diseño que protege en exceso puede resultar agradable a corto plazo, pero empobrece el proceso de mejora. En cambio, un diseño que exige devuelve información clara y directa, aunque al principio incomode. Esa incomodidad es precisamente el punto de partida del progreso. Sin ella, el jugador se instala en una falsa sensación de control que rara vez se traduce en mejores resultados sostenidos.

Forgiveness vs. Demandiveness: una decisión consciente
Tras la pandemia y después de muchos años participando en proyectos muy diversos del sector —incluido el diseño de material de golf entre 2004 y 2008— tomé una decisión clara: poner la exigencia en el centro del diseño. Ayudar al jugador que de verdad quiere mejorar implica, necesariamente, renunciar al perdón como argumento principal.
Así nace lo que denomino demandiveness. Putters diseñados con márgenes de error reducidos que obligan al jugador a estar presente, alineado y comprometido, forzando un mejor movimiento. No es una postura estética ni una declaración de intenciones vacía; es una decisión funcional. Un putter exigente ofrece algo extraordinariamente valioso: verdad.
El golpe bien ejecutado se siente, se oye y se repite. El mal golpe también. No hay filtros ni amortiguadores artificiales. Esa relación directa entre gesto y resultado acelera el aprendizaje, porque el jugador entiende qué hace bien y qué debe corregir. La mejora deja de ser una promesa y se convierte en un proceso tangible, medible y honesto.

El green no admite excusas
Si hay un lugar donde el diseño debe ser honesto, es el green. El putt no admite excusas. No hay potencia que compense un error técnico. Aquí todo es precisión, control, tempo y alineación. Cada pequeño detalle cuenta, y cualquier defecto se manifiesta de inmediato.
Bajo esta premisa nació el iBPUTTER SWEET SPOT 373G, presentado en octubre de 2023 en el Old Course at St Andrews. No fue una elección casual. Presentar un putter exigente en el hogar del golf tenía un fuerte valor simbólico: hacerlo en un escenario histórico suponía una muestra de respeto por la esencia del juego y por su dificultad inherente, además de evocar un lugar que en 1984 fue testigo de una de las celebraciones más icónicas de la historia del golf, tras la victoria de quien tanto aprendí, Seve Ballesteros, en el The Open Championship.
Allí, sobre los hoyos 1 y 18, mostramos un diseño que no pretendía agradar a todos, sino retar al jugador exigente con deseo de crecer. Un putter pensado para quienes aceptan que mejorar implica asumir responsabilidad sobre el propio gesto y abandonar la comodidad de los atajos.
Con el paso del tiempo, el feedback ha sido consistente: quienes se comprometen con modelos exigentes como el 373G o el 410G ganan regularidad, confianza y reducen golpes, especialmente en la franja decisiva de 2 a 3 metros, donde se construyen —o se destruyen— muchas tarjetas. No porque el putter “haga el trabajo”, sino porque obliga al jugador a hacerlo mejor.
A pesar de llevar apenas dos años en el mercado, nuestros putters han encontrado rápidamente su espacio en distintos mercados internacionales. Especialmente en el mercado de golf más importante de Europa, el Reino Unido, impulsado por la alianza con American Golf, el mayor distribuidor de material de golf en el continente. A ello se suma su presencia en otros mercados como China, Australia y Francia. En la Costa del Sol, están disponibles en las tiendas de Golf Friends.
Diseño, geometría y coherencia técnica
Hoy se habla mucho del cero torque, a menudo como si fuera una innovación reciente. En esencia, significa que el putter no tiende a abrirse ni cerrarse de forma involuntaria durante el movimiento, permitiendo un recorrido más neutro y una lectura limpia del impacto. Este principio siempre ha estado presente en nuestros diseños, no como argumento comercial, sino como base técnica.
Exigir más al jugador no es diseñar sin criterio; al contrario, exige máxima coherencia técnica. Por eso, incluso en modelos posteriores que he diseñado —con una línea más convencional— el ADN se mantiene intacto: simetría total, geometría cilíndrica, varilla centrada, equilibrio real y cero torque, junto a líneas de alineación continuas de principio a fin de la cabeza del palo.
Exigir para mejorar
En definitiva, esto del demandiveness no busca hacer el golf más difícil, sino hacer mejores jugadores. En tiempos dominados por la comodidad y la inmediatez, decidir poner exigencia es una elección consciente y, en muchos casos, contracultural.
No hay progreso real sin desafío, ni premio sin esfuerzo. El ejemplo es sencillo: corre cada día 5 o 10 kilómetros con una mochila de 3 o 4 kilos; al principio costará, pero al cabo de un año vuelas. En el golf ocurre exactamente lo mismo. El cuerpo, la mente y el gesto se adaptan a aquello que se les exige de forma constante y coherente.
La innovación auténtica en el material de golf no consiste en suavizar el camino ni en prometer resultados fáciles. Consiste en diseñarlo con honestidad, respetar la inteligencia del jugador y mostrar el camino con claridad. Porque solo cuando el material deja de esconder los errores, el jugador empieza, de verdad, a mejorar.
