Sharon Stone, natural de Pensilvania (EE.UU), nació en una familia modesta de orígenes irlandeses. Con un cociente intelectual de 154, que le permitió ingresar en segundo de primaria con tan solo cinco años.
A los 17 años, Sharon Stone se presentó a un concurso de belleza y fue candidata a Miss Pensilvania. Uno de los jueces le aconsejó que dejara su carrera y probara a marcharse a Nueva York para trabajar en publicidad. Dos años después, ya asentada en Nueva Jersey, fue contratada por la prestigiosa agencia Ford, iniciando su carrera como modelo. Pero la vida tenía preparado un giro de guión y poco después consiguió su primera incursión en el mundo del cine gracias a un pequeño papel en la película “Recuerdos de una estrella”, de Woody Allen.
A pesar de esta oportunidad, pasó más de una década realizando pequeños papeles, hasta ver cómo su carrera por fin despegaba gracias a su interpretación en la película “Desafío Total”, protagonizada por Arnold Schwarzenegger.
Instinto básico
El éxito internacional y su proyección al estrellato llegaría con su papel en la película “Instinto básico”, donde daba vida a la enigmática novelista Catherine Tramell. Este papel consiguió que se convirtiera en una estrella de Hollywood, en una ascensión de su carrera que culminaría con la nominación al Oscar como Mejor Actriz Secundaria por “Casino”.
Sharon Stone ha estado siempre ligada a la industria de Hollywood y su nombre nunca ha dejado de sonar, incluso cuando, tras alcanzar el punto culminante de su carrera rebajó su caché y participó en films más pequeños, como “Mujer contra mujer”.
Con la secuela “Instinto Básico 2: adicción al riesgo” y su encarnación como villana en “Catwoman”, consiguió relanzar su carrera, participando en películas que alcanzaron el éxito de la crítica y el público como “Bobby”. Además, la actriz también ha aparecido en la pequeña pantalla en sus últimos años, en series como “Ratched” o “The new Pope”.
Belleza y talento
Quizá la inteligencia innata de Sharon Stone le valió para ir dirigiendo su carrera y no sucumbir a los altibajos de la misma, a diferencia de otros actores y actrices de Hollywood. Aunque no ha sido una trayectoria lineal, ha sido constante, y siempre ha contado con el fervor del público, que ha sabido ver su talento más allá de su belleza.
Pese a haber enarbolado la bandera de icono sexual americano en un momento determinado, su vida personal nunca ha sido objeto de escándalo. En 1984, Sharon contrajo matrimonio con el productor Michael Greenburg, de quien se separó dos años más tarde. En 1998 se casó con Phil Bronstein, con quien adoptó a su hijo Roan Joseph. El matrimonio sólo duró tres años y se resolvió de forma amistosa, compartiendo ambos la custodia del niño. Ya en solitario, Sharon adoptó a sus otros dos hijos, Laird Vonne y Quinn Kelly.
En 2001, la actriz se sobrepuso a una hemorragia cerebral, de la que no tuvo secuelas. Sin embargo, esta experiencia le cambió la vida. Propietaria de un rancho en Nueva Zelanda, donde pasa largos periodos alejada del glamour de Hollywood, se convirtió al budismo tibetano y encontró la paz que buscaba lejos de las pantallas.
En los últimos años, Sharon Stone ha participado en numerosos actos en favor de la paz mundial y ha apoyado con su imagen iniciativas que promueven la investigación del SIDA, la construcción de escuelas en África o la atención a personas sin hogar, entre otras iniciativas.
Sharon Stone presentó recientemente una exposición de sus nuevas pinturas – Abstracciones coloridas que reflejan su mundo interior “Welcome to my Garden” en Allouche Gallery (Los Ángeles), demostrando una vez más sus grandes dotes artísticas y su polifacética capacidad para destacar en nuevos proyectos.
Dicen quienes la conocen que Sharon Stone es bella por fuera, pero aún más bella por dentro, y que siempre ha tenido claro que antes que actriz es persona. Una filosofía que le hace pisar segura de sí misma en cualquier alfombra roja.
