Una décima de segundo de más puede llevar de la gloria al desastre a un atleta en unos Juegos Olímpicos. Un minuto de desconcentración puede tirar por la borda el trabajo de meses de un tenista. Una hora de bloqueo mental puede arruinar una temporada fantástica de un portero de fútbol. En todos esos casos, los deportistas han seguido estrictamente el plan de sus preparadores físicos, han cuidado la alimentación durante meses según las indicaciones de sus nutricionistas y han obedecido escrupulosamente la estrategia de sus entrenadores. ¿Qué ha pasado en ese corto espacio de tiempo? ¿Qué se les escapó a unos y otros? Pues en muchos casos, un deficiente trabajo mental.
Por fortuna, la psicología del deporte está integrada desde hace años en el deporte profesional. Y también en el amateur. Nadie cuestiona ya que con ese trabajo se mejora el rendimiento. Los psicólogos logran aumentar la capacidad de concentración y con ello se pueden arañar esas décimas necesarias para lograr el resultado que se han marcado. Pero hay otros muchos factores a considerar. Con el trabajo psicológico, se están previniendo futuros incidentes relacionados con la salud mental. También se consigue una estabilidad emocional que repercute directamente en las relaciones familiares, afectivas y del entorno laboral.
Al crecimiento de la psicología deportiva han contribuido en los últimos años los testimonios de grandes deportistas que acabaron reconociendo sus problemas de salud mental para explicar su bajo rendimiento. Dos ejemplos muy concretos. La gimnasta norteamericana Simone Biles huyó en el inicio de los Juegos Olímpicos de Tokio porque no pudo soportar la presión de ser la referencia y el símbolo de todo un país. A diferencia de otros, quiso dar la cara de inmediato y explicar en una rueda de prensa esos problemas. El resultado fue que, tras largos meses de retiro y trabajo con su equipo de psicólogos, pudo volver más fuerte que nunca y recuperar el trono de la gimnasia mundial en los siguientes Juegos celebrados en París en 2.024. Más cercano es el caso de Andrés Iniesta, agobiado por la pérdida de un ser querido, futbolista como él, y por sus propias lesiones. Andrés tuvo la valentía de dar su testimonio para que sirviera de ejemplo a futuras generaciones. Tras atravesar un túnel muy escuro durante bastante tiempo, y con la ayuda psicológica necesaria, resurgió de la forma más brillante: marcando el gol que daría a España su primer Mundial de fútbol en Sudáfrica.

Enlaza todo ello con una cuestión fundamental en el trabajo psicológico, fundamentalmente en el deporte profesional. Hablamos de las lesiones de larga duración. Cuando un deportista se rompe y el diagnóstico es que debe estar meses sin poder competir, el mundo se le viene encima. Lo primero que consideran es que su carrera está en peligro. Según pasan los días y asimilan el golpe, mejoran su previsión, pero consideran que puede que vuelvan, pero no recuperen el sitio que ostentaban antes la lesión. En definitiva, los miedos se apoderan de ellos. Y por desgracia, esos miedos puedan ralentizar el tiempo de baja e incluso las pautas de rehabilitación. El trabajo del psicólogo, en coordinación con médicos fisioterapeutas y recuperadores, puede obrar el milagro de una sanación completa y satisfactoria. Incluso el avance de la ciencia está permitiendo que los profesionales podamos tener herramientas al alcance que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. Hoy día, gracias al estudio que se ha realizado del funcionamiento de las neuronas espejo, podemos trabajar con un deportista que necesita estar en reposo absoluto, mediante la proyección de imágenes de su propia actividad cuando estaba compitiendo, para que dichas neuronas no pierdan ese recuerdo y faciliten su vuelto al trabajo cuando ya esté recuperado.
Aunque se ha implantado de forma generalizada la psicología deportiva en clubes y federaciones, queda mucho camino por recorrer. Todavía se observa con cierta reticencia nuestro trabajo. Hizo mucho daño la frivolización hace décadas de este desempeño. A principios de los noventa, uno de los pioneros en el mundo del futbol, se atrevió a poner un ejemplo simple de cómo se desarrollaba un trabajo en grupo dentro de un vestuario, haciendo que los jugadores cerraran los ojos y pensaran que estaban mordiendo un limón. Aquello se viralizó y sirvió para que muchos calificaran de tontería aquel ejercicio, sin tener en cuenta que era una parte dentro de una sesión donde se mezclan juegos, estimulaciones y retos que sirven, tanto para estimular la mente como para unir un vestuario. Por no mencionar los prejuicios que aún se tienen con la mujer. Su aspecto físico, su indumentaria e incluso su forma de hablar, son analizadas con lupa.
Quedémonos con los positivo. Hoy por hoy, la psicología deportiva ocupa un lugar importante en el desarrollo del deporte. La razón, bien sencilla: la fuerza de la mente es imparable.
EVA MOLLEJA
Psicóloga experta en Alto Rendimiento con 25 años de experiencia.
Licenciada en Psicología por la Universidad de Sevilla; Máster en Psicología del Deporte por la Universidad Autónoma de Barcelona(UAB) y Máster Europeo en la Universidad Lovaina (Bélgica) y la Universidad Libre de Amsterdam; Doctoranda en psicología del deporte por UAB.
